AUTORES/AS AMIGOS

PAU JOAN HERNÁNDEZ
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Amigos del
Libro Infantil y Juvenil
(Almería)

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© 2003, Todos los derechos reservados
ALIN, Morata & Martínez.

  AUTORES Y AUTORAS AMIGOS DE ALIN

PAU JOAN HERNÁNDEZ


Biografía:
Empecé en esto muy joven, a los dieciocho, aunque llevaba desde los quince presentándome a premios y tanteando el mundo editorial. Supongo que las ganas de explicar historias me venían de mi abuelo, oficial de la Marina Mercante y narrador entusiasta, casi como uno de esos abuelos marineros que tanto abundan en la LIJ. La biblioteca de mis padres me permitió ser un lector omnívoro y voraz y me ayudó a descubrir, ya de muy pequeño, que lo que en la escuela llamaban "enseñar literatura" tenía poco o nada que ver con la literatura.

Mi primera novela, Tot et serà pres, tuvo un éxito sorprendente (16 ediciones lleva ya), que me animó a continuar en serio en el mundo de las letras. Desde entonces, me he dedicado básicamente a la literatura juvenil, con algunas incursiones en la infantil. Mis temas preferidos son los que se mueven por aquella incierta zona que separa la realidad de la fantasía, lo natural de lo supranatural y la historia de la leyenda. Y con el tiempo he ido descubriendo dos cosas curiosas: la primera, que la literatura fantástica es una vía excelente para plantear temas realistas, y la segunda, que para que la fantasía se sustente, es preciso que la parte realista del relato sea de una solidez a toda prueba y esté, por lo tanto, rigurosísimamente documentada. O en otras palabras, que la literatura fantástica puede ser más realista que la realista.

Esto no quiere decir, claro está, que haya renunciado al realismo, y he centrado el tema de algunos libros en la eutanasia (Tot et serà pres), en la integración escolar de niños discapacitados (Joana i el sis vint-i-cinc / Juana y el seis veinticinco) y hasta en la política (Cordada de rescat).

¿Y qué más les voy a decir? Además de obras propias, he publicado ya más de un centenar de libros como traductor literario (de castellano, catalán, euskera, gallego y francés) y ejerzo la crítica literaria en las páginas del diario Avui.

Actualmente, vivo en el pueblo de Bigues i Riells, a los pies de las ruinas del castillo de Montbui, donde un rey moro exigía tributos de cien doncellas, no lejos de las pozas donde se aparecen las encantadas y de una masía cuyo hereu se casó con un hada. ¡Ah!, y entre mis vecinas hay una bruja de las de verdad. .



Sus Trabajos:

BIBLIOGRAFÍA:

  • Tot et serà pres Ed. Empúries, col. L'Odissea, núm 7
    1a ed. marzo 1986, 22a ed. mayo 2003
  • SOS a sis mil metres Ed. La Galera, col Cronos núm. 13 (Finalista del premi Folch i Torres 1986) 1a ed. septiembre 1986, 5a ed. març 1996
    Edición en castellano: SOS a seis mil metros Ed. La Galera, col Cronos, núm. 13 Traducción de Xavier Ortega, 1a ed. septiembre1986
  • Porta falsa Ed. Empúries, col. L'Odissea, núm 24 1a ed. septiembre 1987, 12a ed. juny 2001
  • Història fosca Ed. Pòrtic, col. El brot jove, núm. 19 1a ed. junio1991
  • El projecte Ictivela Ed. Pòrtic, col. El brot jove, núm. 25 1a ed. julio1992
  • Una selva al replà Ed. Bromera, col. Els nostres autors, núm. 17 (introducción i notas de Mercè Giralt) 1a ed. noviembre 1992, 3a ed octubre 1998
  • Cordada de rescat ed. Columna, col. Columna Jove, núm. 57 1a ed. abril 1993, 2a ed. mayo 1995
  • Aterratge a Ostadar Ed. La Galera, Col Grumets, núm. 60 1a ed. diciembre 1993
    Edición en castellano: Ostadar Ed. La Galera, col. Grumetes, núm. 23 Traducción de Natàlia Ribes 1a ed. enero1996
  • Quan el cerç bufa al migdia Ed. Empúries, Col. L'Odissea, núm. 83 1a ed. junio1995
  • El problema amb els ferivals Ed. L'Arca, col. Tren de fusta, núm. 15 1a ed. octubre 1996
    Edición en castellano: El problema con los ferivales Ed. L'Arca, col. Tren de madera, núm. 17. Traducción de Natàlia Ribes 1a ed. octubre 1996
  • L'ombra del Stuka Ed. Empúries, col. L'odissea, núm. 98 1a ed. enero 1998, 2a ed. octubre 2001
    Edición en vasco: Stukaren itzala Ed. Elkar, col. Branka, núm. 79, Traducción: Joxan Elusegi
  • Joana i el sis vint-i-cinc Ed. Edebé, col. Tucan, núm 72 1a ed octubre 1998
    Edición en castellano: Juana y el seis veinticinco Ed. Edebé, col. Tucán, núm. 118, Traducción de Natàlia Ribes 1a ed. octubre 1998, 2a ed. enero 2003
  • Tàrik de la gran caravana Ed. Cadí, col Muntanya encantada 1a ed. mayo 1999
  • Els cosacs de l'autopista Ed. Empúries, col. L'Odissea, núm. 109 1a ed. septiembre 2000
  • El pic de la Dama Morta Ed. Empúries, col. L'Odissea, núm. 114 1a ed. marzo 2001
  • Llegendes de Catalunya Ed. Cadí 1a. ed. marzo 2001
  • El presoner del Casal del Diable Ed. Cruïlla, col. Vaixell de Vapor 1a ed. marzo 2002, 3a ed. mayo 2003

MULTIMEDIA (textos):

  • Les aventures d'Ulisses Ed. L'Arca, col. l'Arca multimèdia 1a ed. 1996
    Edición en castellano: Las aventuras de Ulises Ed. L'Arca, col. l'Arca multimedia 1a ed. 1996

ADAPTACION DE TEXTOS PAR ÁLBUMES ILISTRADOS:

  • Nikolai POPOV: Per què? Ed. L'Arca, col. El rovell de l'ou, ed. especial 1a ed. oct. 1996
  • Nikolai POPOV: ¿Por qué? Ed. L'Arca, col. La guinda, ed. especial 1a ed. oct. 1996

POESÍA:

  • Si nego el bosc... Llibres del Mall (Finalista premi Amadeu Oller 1986) 1a ed. maig 1986
  • Joc de daus Ed. Columna, col Crema, núm. 12 (Premi Martí Dot 1987) 1a ed. març 1988
  • Camarades grecs Ed. Columna, col. Crema, núm. 86 (Finalista premi Josep Munteis 1991) 1a ed. febrer 1992 2




Dedicatoria para ALIN.

¡Hola!
Aquí tenéis un cuento, "Yo suspendí el examen de cerdito",
para vuestra página web.

Pau Joan Hernández

YO SUSPENDÍ EL EXAMEN DE CERDITO

¿Habéis oído hablar alguna vez de intrusismo profesional? El la Tierra de los Cuentos, antes de que se montase aquel jaleo, nadie había oído nunca esta expresión. La primera vez que alguien la mencionó (Juan Sin Miedo, que siempre ha tenido mucha curiosidad por saber cosas nuevas), se apresuró a aclarar que se trata de un delito que consiste a ejercer una profesión para lo que no tiene título oficial. Los demás personajes asentimos con la cabeza, nos encogimos de hombros y nos olvidamos del asunto. No creíamos que un delito tan estrafalario pudiese tener nada que ver con nosotros.

Pero sí que tenía que ver, ¡claro que sí! Que alguien hubiese empezado a hablar de ello ya quería decir alguna cosa. Como decía mi abuela, cuando el cerdo suena, algo olfatea. O algo por el estilo.

De hecho, la cosa había empezado de la manera más sencilla del mundo: algunos escritores de libros infantiles habían empezado a escribir nuestros cuentos de una forma diferente: de forma poética, de forma humorística, cambiando cosas... Hasta aquí, todo normal. Al fin y al cabo, la mayoría de nosotros (los Tres Cerditos, Juan Sin Miedo, Rizos de Oro y los Tres Osos, el Lobo y las Cabritillas...) éramos personajes de la cultura popular y, por lo tanto, era natural que la forma de vernos de explicar nuestras historias fuese cambiando con el paso del tiempo. Lo que pasa es que la cosa tuvo éxito, se generalizó... y empezaron a venir los cambios raros.

La voz de alarma la dio Caperucita Roja, que siempre ha sido una niña de lo más despabilada. Resulta que había tenido curiosidad por realizar una pequeña investigación sobre su propio cuento... y se había llevado la sorpresa de poder conocer personalmente nada menos que a cincuenta y siete Caperucitas que no sólo no se parecían nada a ella sino que, encima, pretendían ser cada una la única y verdadera Caperucita Roja. ¡No os podéis ni imaginar el lío! Había Caperucitas azules, verdes, lilas y de todos los colores imaginables; las había que, en vez de por el bosque, se perdían por la ciudad; las había que, al contrario, eran tan silvestres que a cada momento paraban el cuento para explicar a los niños las características de cada árbol y de cada planta; las había que llevaban el cesto lleno de libros escolares, de productos dietéticos o de equipo científico; las había que acababan la mar de amigas del lobo...

Y, en medio de todo aquel caperucitamen descontrolado, nadie recordaba muy bien cómo iba lo del cuento de Caperucita.

Todos los habitantes de la Tierra de los Cuentos estuvimos de acuerdo en que había que hacer algo. Y si alguien tenía dudas, pronto las perdió: el descubrimiento de cuarenta y siete Pulgarcitos (algunos de ellos con unos padres excelentes), setenta y nueve Blancanieves (con los consiguientes quinientos cincuenta y tres Enanitos) y unas ciento setenta y ocho Cenicientas acabó de demostrar que el problema de Caperucita no era ni muchísimo menos único.

Por eso, en una reunión posterior, los habitantes de la Tierra de los Cuentos tomamos una decisión radical: convocar oposiciones a las plazas de personajes titulares de cada cuento. Nos examinábamos, ganábamos las plazas, echábamos por impostores a todos demás opositores y en paz. Era lo más sencillo del mundo.

Y así fue como me presenté a examen para optar a mi plaza de toda la vida: la de Segundo Cerdito. Plaza modesta, de poco lucimiento y bastante cómoda, tan lejos de las glorias de los protagonistas como de la vergüenza del castigo de los malos.

No es por decirlo, pero si Caperucita se quejaba de lo que le estaban haciendo a su cuento, más motivos de queja teníamos los Tres Cerditos. Nuestro cuento tenía tantas versiones y tan diferentes del original que, si no fuese porque los cerdos somos en general de mejor conformar que las niñas, habríamos sido los primeros en reclamar la necesidad de unas oposiciones. A nosotros, la mayoría de los autores nos recortaba descaradamente el principio del cuento (cuando nos escapamos de la granja para vivir en libertad) y el final (cuando sacamos de casa al lobo, asado en la chimenea, para que se lo coman los cuervos del campo). En algunos cuentos éramos hermanos y en otros no, y, lo que es más grave, nos cambiaban constantemente el número: en unos, el tonto de la casa de paja era el Primer Cerdito mientras que en otros era el Tercero, y el papel de Primero se reservaba al que se daba un hartón de trabajar en su casa de ladrillo. Claro que, a mí, este último problema no me afectaba: pusiesen el orden como lo pudiesen, yo era el Segundo Cerdito, el de la casa de madera, ni demasiado trabajador ni demasiado gandul. Por lo demás, mis problemas eran los mismos que los de mis hermanos (aunque no tan graves como los de los cuervos, que en la mayoría de las versiones se quedaban sin trabajo). Habíamos intentado convencer por las buenas a los autores de las versiones, pero, como decía mi abuela, no hay peor cerdo que el que no quiere hozar. O algo por el estilo.

Tengo que reconocer que no me preparé los exámenes. Al fin y al cabo, me examinaba de mi propio papel: los que tenían que estar nerviosos era todos aquellos impostores, que iban a quedar en ridículo. Claro que ellos se lo habían buscado. Como decía mi abuela, el que juega con cerdos se pringa de pienso. O algo por el estilo.

El día del examen teórico, yo mismo me quedé sorprendido de la cantidad de gente que optaba a la plaza de Segundo Cerdito, que a mí siempre me había parecido la más insignificante de la historia del cuento popular. Entre los ochenta o noventa aspirantes, la mayoría, como es natural, eran cerditos, pero también había cerditas, niños disfrazados de cerdito, cerditos disfrazados de niños y unos cuantos representantes de otras especies que querían legitimar cuentos como el de los Tres Ornitorrincos, los Tres Marsupiales, los Tres Armadillos o las Tres Cianobacterias. Además, había unos cuantos despistados que quería representar los Tres Mosqueteros, los Tres Tenores o los Tres Deseos. Suerte que los examinadores les hicieron darse cuenta de su despiste y los echaron.

Esto me gustó: aquellos examinadores no se andaban con chiquitas, y pronto desenmascararían a todos los falsos cerditos. Estaba claro que, como decía mi abuela, no se les podía dar cerdo por liebre. O algo por el estilo.

Toda la vida recordaré las tres preguntas de mi examen de teórica de Segundo Cerdito. Tres preguntas que me dejaron las tripas más retorcidas que el rabo. Mirad, si no:

1.- Influencia conceptual del mito de los Tres Cerditos en la idiosincrasia indoeuropea.

2.- La simbología de la devoración en los Tres Cerditos.

3.- Representatividad diacrónica de los Tres Cerditos en el folklore burgundio occidental.

¿Qué os parece? ¿Fantástico, verdad? ¿Cómo diantre querían que contestase a estas preguntas, si las únicas palabras que entendía eran Tres y Cerditos?

Y mientras yo dejaba el examen en blanco, aquellos ochenta cochinos impostores (nunca mejor dicho), venga a escribir.

Este fracaso inicial no me desanimó en absoluto. El día del examen práctico me desquitaría. Por mucho que los demás hubiesen estudiado, no podían tener mi estilo inimitable de construir casas de madera que caen cuando sopla el lobo. Ya lo decía mi abuela: de casta le viene al puerco el ser rabituerto. O algo por el estilo.

¡Puerca inocencia la mía! Mis cuatro tablas, mis cuatro herramientas y mis cuatro kilos de pereza de Segundo Cerdito difícilmente podían hacer frente a las malas artes de aquella chusma. Y así, nada más empezar el examen, tuve que ver como un cerdo con cara de niño me ponía una denuncia por no tener permiso de obras y un niño con cara de cerdo otra por trabajar con materiales no reciclables.

Y suspendí el examen de cerdito.

A la salida, me encontré con mis hermanos y compañeros de fatigas, el Primer Cerdito y el Tercero. Ellos también habían suspendido. Nos pusimos a gruñir a coro para darnos ánimos. Ya lo decía mi abuela: quien gruñe, su mal empuerca. O algo por el estilo.

Pero nuestra desgracia no era única. Por allí fuera, con caras largas, estaban Juan Sin Miedo, Blancanieves, Cenicienta, Hansel, Gretel, Rizos de Oro... Absolutamente todos ellos habían suspendido sus respectivos exámenes y habían perdido la plaza en sus propios cuentos.

Un final triste, me diréis, ¿verdad?

Pero es que esto no fue el final.

Porque supongo que no os habréis creído que es tan fácil ganarnos, a nosotros. ¡Estaríamos frescos! No tenéis que olvidar que somos los personajes de los cuentos populares. los auténticos. En nuestras aventuras, habíamos derrotado a lobos y brujas, explorado castillos encantados, atravesado tierras desconocidas, superado maleficios y sortilegios... ¿de verdad os creéis que nos iban a ganar una banda de monigotes impresentables con una cochinas oposiciones... aunque las oposiciones las hubiésemos convocado nosotros mismos?

¡Pues claro que no!

Y así fue como pasamos a la clandestinidad. Todos nosotros. En bloque.

A partir de aquel día, vivimos escondidos, conchabados con los cuentacuentos, los abuelos, los padres, los maestros... y nuestras historias siguen llegando a los niños. Los otros personajes, los impostores, ganan premios, reciben homenajes, son aplaudidos y admirados... pero quienes estamos realmente vivos en la fantasía de niños y niñas somos nosotros.

Queríamos combatir el intrusismo profesional y ahora los intrusos somos nosotros. Pero es igual: nos lo pasamos en grande.

Como decía mi abuela: ¡valor y al cerdo!

O algo por el estilo.